Púas peligrosas

Durante las salidas a lugares naturales siempre está presente la posibilidad de sufrir daños que se podría evitar. Informarse es esencial para evitar este tipo de accidentes. No debemos temer, sino ser precavidos.

En nuestra zona existen algunas variedades de peces que pueden inocular algún tipo de tóxico por medio de espinas caudales (rayas) o a través de aletas dorsales o caudales (silúridos). Estos últimos poseen aletas espinosas conectadas a glándulas ubicadas en la piel que elaboran una sustancia que produce dolor intenso y, a veces, contracturas musculares en la zona de la herida. Los síntomas pueden persistir algunas horas.

Los peces que pueden producir estos cuadros son los bagres, amarillos, porteñitos y otros como el surubí, manduví, armado y variedades semejantes englobadas en la misma familia. Las variedades más pequeñas son las de acción más dolorosa, generalmente localizada en el área afectada.

La sustancia pegajosa que recubre la piel que recubre la piel y las aletas de estas especies colabora con la efectividad del tóxico al dificultar el lavado de la herida.

El tratamiento más sencillo es la aplicación de calor en forma de fomentos, ya que la toxina se desnaturaliza rápidamente por su acción. La desinfección de la herida y el tratamiento médico inmediato si la persona tiene antecedentes alérgicos.

 

 

Armado

 

 

Bagre

Dos especies que requieren extremar los cuidados cuando se las pesca

La raya

La especie se mueve en cualquier sector del río. Está en la correntada y también instalada en un fondo muy profundo, pero lo habitual es que se ubique en veriles, bancos o sitios de poca hondura.

Aferrada en el barro o la arena, se mantiene al acecho para atrapar el alimento que arrastra la corriente. Uno de los mecanismos que emplea es producir un hueco en su ventosa y atraer hacia allí a su presa. El peligro está en la cola de la raya, donde su púa se halla siempre alerta para el ataque. Habitualmente los aficionados la pesca se ensañan contra la raya capturada y lo primero que hacen es darle un machetazo para cortarle la cola. Luego la devuelven al agua. Este procedimiento tiene la crueldad de devolver un pez a su medio sin mecanismos de defensa que le brindó la naturaleza. Para evitar estos inconvenientes, lo aconsejable cortar la línea y dejar que el pez se vaya con el anzuelo en la boca (los ácidos y el agua lo oxidan y pulverizan en poco tiempo).

Cabe aclarar, y vale también para otras especies como las palometas, pirañas, tarariras, etc., que lo habitual es que se lancen sobre el hombre sólo cuando interfiere el camino hacia su alimento. Cualquiera puede resultar damnificado si se interpone entre la raya y la presa que ataca. Conviene no descuidarse, sobre todo cuando se vadea algún arroyo: pisarla puede ser una agresión con inmediata respuesta. La espina que posee en la cola, que proyecta rápida y violentamente al ser pisadas o molestadas, puede producir heridas bastante importantes que son muy dolorosas y sangrantes. Tratándose de rayas de río predomina un efecto tóxico local con dolor intenso, hinchazón que puede perdurar durante 24 horas o más, y en algunos casos, fenómenos de necrosis del tejido afectado que llega a persistir algunos meses necesitando, a veces, intervención quirúrgica.

Ante una picadura de raya lo primero que hay que hacer es lavar minuciosamente la herida con agua limpia y jabón, posteriormente desinfectarla con un antiséptico no alcohólico (por ejemplo Pervinox). En caso de haber hemorragia cubrirlo con un vendaje compresivo o hielo. Luego de aplicar el vendaje con gasa, tranquilice al accidentado. Para calmar el dolor utilizar algún analgésico y consulte a un médico lo antes posible para mayor seguridad.

   La peligrosa púa de la raya nos puede dar un disgusto sino somos precavidos

Recopilación: Viviana Deganis

Fuentes:

Revista Weekend. Año XXIII. Nº 273. Junio 1995. Págs: 142-143. Por Horacio Ventola.

Revista Weekend. Año XXI. Nº 241. Octubre 1992. Págs: 124-126. Por Rafael R. Guglielmi.

Colaboración: Gastón Caranti.

 

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