Contaminación por ruido

Tráfico, trenes, fábricas, grandes obras de infraestructuras, gente por todas partes, y todo ello participando de un factor común; la generación de ruido. En la ciudad el ruido forma parte de ese aspecto insolidario de la gran urbe.

Aunque el ruido está presente en la naturaleza a través del trueno, el viento,  el canto de los pájaros, el sonido del agua al correr o caer, etc., a través del tiempo hemos asimilado estas emisiones de manera tal que forman parte de nuestra vida, pasando prácticamente inadvertidas.

En el ser humano, el ruido incide en el oído, principal órgano de percepción. Aunque la presencia del ruido es física, y por tanto su percepción es altamente fisiológica, la interpretación de gran parte de lo que se oye es el resultado de la forma en que el sistema nervioso central procesa el estímulo sonoro que recibe.

El nivel máximo soportado por el oído humano (o límite) es de 120 / 140 decibeles aproximadamente, tope al que no se debe de llegar, ya que de hacerlo se podría producir lesiones que serían irreparables, médicamente lo establecido es no superar los 85 decibeles, ya que de mantenerse este nivel se empezaría a producir lo que se denomina sordera sensorineural progresiva (falta de excitación en las neuronas). Aquí tenemos algunos niveles sonoros:

Umbral del dolor: 120

Tráfico intenso: 80

Conversación normal: 65

Voz baja: 20

El ruido no modifica el medio, sino que interviene en actividades importantes del desarrollo social del individuo, es decir, lo lesiona en la comunicación, en el aprendizaje, en la concentración, en el derecho al descanso y le distorsiona la información.

Algo similar ocurre en la naturaleza y las más perjudicadas son las aves. Su hábitat natural, con apacibles sonidos, se ve interrumpido por explosiones  de fuegos artificiales o por  las bocinas que  tocan decenas de autos porque sus dueños desean irse muy rápidamente para sus casas. Eso las aves no lo entienden  y si se salvan de morirse de un susto, decidirán entonces emigrar hacia otra parte. 

Tengamos en cuenta que tenemos el enorme placer de poder espiar un poquito de vida, disfrutémosla y tratemos de que nuestra presencia pase lo más desapercibida posible.

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