¿Nos preguntamos alguna vez?

¿Cuáles son las principales causas que propician el camino de las invasiones biológicas? ¿Si se han evaluado las consecuencias ecológicas y económicas de las mismas en un país? ¿Si se realizaron evaluaciones sobre las especies de plantas y animales más problemáticos a fin de priorizar y optimizar los recursos que se asignen a su control o erradicación? ¿Qué medidas se han adoptado para la toma de decisiones y la coordinación de las acciones para enfrentar a las invasiones biológicas establecidas y las incipientes?

Las distintas especies en sus hábitats naturales forman parte de una red de interacciones con los otros organismos, tanto animales como vegetales, con los cuales comparten el ambiente. Esa red de interacciones forjadas a través de miles de años de evolución es lo que hace al tan nombrado equilibrio ecológico. Cuando sacamos a una especie y la colocamos en otro ambiente distinto del original, esa red de interacciones local corre el riesgo de distorsionarse, porque los ejemplares introducidos pueden no contar con factores abióticos y bióticos sustitutos que condicionarían su existencia, y puede haber otros factores que ayuden a su colonización explosiva, por ejemplo en el caso de alguna planta, un ave que coma sus frutos y ayude a la germinación y dispersión de sus semillas.

Las causas que conducen a la introducción de especies foráneas responden a diferentes factores: pueden ser accidentales, como el caso de los animales y algas que viajan en el agua de lastre o en las bodegas de los barcos, a través de los individuos durante sus migraciones, etc. No obstante, la mayor parte de las introducciones son, por lo general, forzadas. Estas importaciones se realizan con fines diversos: para embellecer parques y jardines, para combatir plagas, para abastecer el comercio de mascotas, para la caza y la pesca, para su consumo como productos agrícolas y ganaderos, además de aquellas de las que, como el caso de los visones en Europa, se pretende un aprovechamiento industrial.

Asimismo, el hombre con su intervención ha destruido muchos hábitats al introducir especies nuevas procedentes de otros continentes sin antes estudiar concienzudamente las posibles consecuencias de tales manipulaciones.

Ciertas especies han aprovechado diversos medios de transporte para colonizar nuevos hábitats. Hay especies introducidas en Europa a través de las maderas exóticas importadas; la carpintería de las casas resulta atacada por Termitas que, en principio, sólo vivían en países tropicales. Las plantas también viajan fácilmente en forma de semillas. Es probable que las Ortigas hayan llegado a Estados Unidos de esta forma, pegadas al barro del calzado de los primeros inmigrantes.

Los peligros de la introducción de especies exóticas se han puesto de manifiesto en muchas ocasiones y a veces con grandes pérdidas para la agricultura o la ganadería. El organismo importado, si no desaparece y logra adaptarse, se multiplica con facilidad y acaba convirtiéndose en una plaga, ya sea porque puede constituirse en un agente transmisor de enfermedades, para las que las especies autóctonas no pueden desarrollar defensas, o bien porque compite con ventaja o depreda hasta el borde de la extinción a especies (vegetales o animales) que no están evolutivamente adaptadas a una depredación intensa.

Según la ley biológica conocida como de "exclusión competitiva", por cada especie extraña que se introduce en un sistema estable, una o varias especies locales sufrirán alguna merma, tanto en cantidad de ejemplares como en su radio de acción. Todo recurso empleado por una especie invasora con seguridad se lo saca a una especie nativa, y los recursos de la naturaleza no son ilimitados.

A diferencia de la contaminación química, física o biológica, esta polución por especies es más insidiosa, pasa inadvertida y lentamente, la flora y la fauna locales son reemplazadas por otras foráneas que además, por hibridación, originan asociaciones inéditas.

En nuestro país existen claros ejemplos de especies exóticas convertidas en plaga. Uno de ellos lo constituye el Castor en Tierra del Fuego, introducido en la década del cuarenta en el territorio austral para establecer una industria de pieles que no funcionó, quedando el castor  librado a su suerte y transformándose en el más temible enemigo del ecosistema fueguino; su necesidad de construir diques naturales modificó casi todos los cursos de los ríos provocando inundaciones y daños a la flora y a la fauna.

Otra caso es el Ciervo colorado, el cual se alimenta de los plantines de los bosques impidiendo la regeneración de los árboles y no tiene ningún animal superior que prede sobre él (¡salvo el hombre!). Lo mismo ocurre con Truchas y Salmones importados a principios de siglo que no sólo comen lo mismo que los peces autóctonos, sino que además engullen a muchos de ellos.

De la misma manera, muchas plantas que consideramos "argentinas" son exóticas provenientes de Asia y Medio Oriente. Los Sauces entraron con los salesianos a Viedma y San Antonio Oeste y se dispersaron hacia Chubut y el río Limay, modificando el hábitat costero y abriendo paso a otras invasiones. La Rosa Mosqueta entró con la inmigración europea a principios de siglo, se adaptó y ocupó cuanto lugar soleado encontró a su paso expulsando y matando a otras especies con la colaboración de rumiantes y pájaros que al ingerirla la dispersaron fácilmente.

En el Parque Nacional El Palmar, Entre Ríos, el Paraíso (también introducido) desplaza a las palmeras. El tan "criollo" Ligustro , que vino de Asia, es un manjar de pájaros que lo "siembran" por todos lados, constituyéndose en el peor enemigo de las selvas en galería asfixiando a otras plantas sin contención ni límites. Con la Madreselva, también proveniente de Asia, ocurre lo mismo.

Otros ejemplos de especies vegetales introducidas en Argentina son el Eucaliptus (Australia), el Pino Insigne (Norteamérica), el Bambú (Asia), la Zarzamora (Europa), el Álamo plateado (Europa), etc. Entre los animales podemos contar a la Codorniz (Norteamérica), el Faisán (Asia), el Jabalí (Eurasia), la Liebre (Europa), el Antílope (Asia), el Estornino (Asia)

Desde hace ya varias décadas existe consenso en la comunidad científica mundial de que cualquier especie que se introduzca en una nueva región, sea un microorganismo, una planta o un animal, tiene una probabilidad muy grande de transformarse en plaga para la agricultura, la ganadería, las comunidades naturales o para el hombre. A tal punto alcanza la unanimidad de criterios científicos sobre esta amenaza, que la Convención sobre Biodiversidad firmada por Argentina en ocasión de la Eco92 de Río de Janeiro -ratificada luego por el Congreso- prohíbe la introducción de especies exóticas.

Sin embargo, contrariando todas las recomendaciones científicas, vulnerando las leyes vigentes y desoyendo las normativas internacionales respecto de las formas de proteger el ambiente, en el año 1997 la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación promovió un decreto para introducir en el país una especie de avestruz africano sin el indispensable estudio de impacto ambiental.

Podrá alegarse que las invasiones biológicas ocurridas anteriormente sucedieron por desconocimiento. En la actualidad, no se trata de ejercer un fundamentalismo ecológico e impedir definitivamente el ingreso de especies que puedan aportar beneficios, sino de realizar los estudios que permitan conocer de antemano las posibles consecuencias que el ingreso de una nueva especie puede generar al ambiente.

 Dr. Luis Reinaldo Fernández: Miembro del Consejo Asesor Ambiental mailto: eco@senado.gov.ar.

 Los orígenes de la invasión

 La invasión se genera a partir de la implantación de especies exóticas que luego son diseminadas naturalmente. Sin embargo, los procesos que originaron esta implantación han sido diferentes y pueden ser clasificados en conscientes e inconscientes.

El principal proceso consciente tiene origen en una corriente de pensamiento forestal que predominó hasta hace relativamente pocos años (pero que todavía tiene algunos defensores), que consideraba que el monte indígena tenía escaso valor y que debía ser sustituido paulatinamente por especies "más valiosas". Entre los árboles más plantados figuraron -afortunadamente- los eucaliptos y los álamos (Carolino e híbridos), que no se han comportado como especies invasoras y donde por lo tanto resulta posible revertir el proceso de sustitución sin grandes costos. Sin embargo, en otros casos se utilizaron especies como los fresnos o los arces, de enorme capacidad de dispersión y ocupación del espacio, que ahora constituyen un problema de muy difícil solución.

El proceso inconsciente se origina en plantaciones de especies forestales u ornamentales en las proximidades del monte indígena, cuyas semillas son diseminadas por distintos agentes naturales (aves, viento, agua, animales) y encuentran en el monte un ambiente muy propicio para su desarrollo y posterior propagación. Encuentran buenos suelos, humedad y protección contra los agentes atmosféricos (heladas, exceso de insolación, vientos) y pocos predadores. A medida que los árboles crecen y comienzan a fructificar, el proceso se acelera y se vuelve casi incontrolable.

 La invasión de las exóticas

Probablemente, la primera especie exótica que se instaló en los montes ribereños fue el ya popular sauce llorón (originario de la región del Himalaya), que se ha integrado definitivamente a nuestro paisaje. Posteriormente se han ido agregando otras especies, mucho más agresivas, como el fresno americano (Fraxinus americana), fresno europeo (Fraxinus excelsior), arce (Acer negundo), Espina de Cristo (Gleditsia triacanthos), álamo plateado (Populus alba var. nivea), paraíso (Melia azedarach), crategus (Pyracantha spp), ligustro (Ligustrum lucidum), morera (Morus alba).

Si bien esas especies son las más agresivas, también es posible encontrar en los montes otras muchas, como el sauce mimbre (Salix fragilis), sauce álamo (Salix alba var.calva), ligustrina (Ligustrum sinensis), roble europeo (Quercus robur), ciprés calvo (Taxodium distichum), varias acacias (Acacia spp), laurel (Laurus nobilis), etc.

Hasta el presente, por fortuna, los árboles más plantados en el país (varias especies de Eucalyptus y Pinus) en general no se han comportado como invasores del monte indígena. Sin embargo, el pino marítimo y la acacia trinervis, que se regeneran espontáneamente en forma muy agresiva en las zonas arenosas del litoral sur, han invadido extensas áreas antes cubiertas por vegetación indígena, entre la cual se encuentra el monte de arenales (en peligro de desaparición) y los montes ribereños de los cursos de agua que desaguan en el Río de la Plata y Océano Atlántico. Por otro lado, no puede descartarse que algunas especies, que están siendo plantadas masivamente y que ya presentan buena regeneración natural (como los pinos elliottii y taeda), no vayan a comenzar a invadir los montes en las cuencas donde están instalados.

 "Monte indígena: la invasión de las exóticas" escrito por: Ricardo Carrere . Artículo publicado en Tierra Amiga No. 22, Uruguay, marzo de 1994

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