Cómo crece el Delta del Paraná

Cuando los primeros navegantes europeos comenzaron a explorar lo que hoy llamamos Río de la Plata, Américo Vespucio, posiblemente en 1501; los hermanos portugueses de Haro, clandestinamente en  1514; Juan Díaz de Solís en 1516; Sebastián Gaboto en 1527, por fin el fundador de la primera Buenos Aires, Pedro de Mendoza, en 1536, las islas más jóvenes que el Paraná crea, por su elevada carga de sedimentos, se hallaban más o menos a la altura de Campana. Por lo tanto, el estuario triangular tenía un espejo cuya profundidad era considerablemente más amplia que en la actualidad, cuando los islotes de más reciente formación afloran frente a Punta Chica. El Paraná arrastra en su caudal algo menos de 200 mg de sedimentos por litro (promedio general anual), lo cual adquiere su real dimensión si se considera la masa de agua que se desplaza por su lecho: a veces llega a 30.000 m³ por segundo. Por ello la maraña de islotes se expande sin pausa aguas abajo, en dirección a Buenos Aires, a razón de 40/90 metros por año, en todo su ancho.

Casualmente fue esta circunstancia la que determinó que la actual Buenos Aires se encuentre donde está. Don Pedro de Mendoza, el primer Adelantado, había asentado a Santa María del Buen Ayre a orillas de aquel Riachuelo de los Navíos, más tarde río Luján, en algún punto alto entre Campana e Ingeniero Maschwits, próximo a Belén de Escobar. Pero cuando después de ser despoblada en 1541, el capitán vizcaíno Juan de Garay vino de Asunción y de Santa Fe a refundarla en 1580, no halló más la desembocadura primitiva del Luján en el Río de la Plata. En su permanente progreso las islas habían tapado la boca, por lo que Garay asentó la ciudad de Trinidad, puerto de Buenos Aires, unos 50 Kilómetros más cerca del océano.

En los últimos cinco siglos se formaron más de 2.000 Km² de islas nuevas. Las estimaciones más fidedignas indican que año tras año 200 millones de toneladas (cerca de 550.000 t/día) de sedimentos descienden por el Paraná. De este total 25% provienen del Pilcomayo, otro tanto de diversos tributarios (que no son pocos), y 50% del Bermejo.

Algunos de los afluentes del Bermejo, como por caso el Iruya en la remota Salta, pueden llegar a arrastrar durante los aluviones estivales 56 kg/m³ de limos y arcillas. Casi puro barro el que se desplaza por el Iruya al río San Francisco, una túrgica masa de lodo que por este curso fluye hacia el Bermejo, y un inmenso caudal de agua espesa y rojiza que ingresa en el Paraná en su desembocadura, formando bancos e islas.

Es más: pese a todos los esfuerzos por contener tal proceso, el crecimiento del Delta continuará sin interrupción. Y así, hacia el año 2200 la isla más nueva aflorará en la prolongación de la avenida General Paz, y alrededor del 2500 frente a la Capital Federal no habrá más que islas, hasta La Boca del Riachuelo.

 

A.       Extensión presumible de las islas del delta del Paraná a comienzos del siglo XVI, cuando entraron en el estuario Juan Díaz de Solís (1516), Sebatián Gaboto (1527) y Pedro de Mendoza (1536). El río Uruguay desemboca en forma irrestricta en lo que por entonces se llamaba Mar de Solís y el frente de los islotes estaba a la altura de la actual Escobar. Junto a la desembocadura del río (entonces llamado Riachuelo de los Navíos y hoy conocido por el nombre de Río Luján) Mendoza fundó la primera Buenos Aires (1). En 1541 Alvar Nuñez Cabeza de Vaca asentó a orillas del río San Juan (R.O, del Uruguay) la segunda Buenos Aires, que perduró siete meses (2). Finalmente Juan de Garay radicó la tercera y actual Riachuelo y el (entubado) arroyo Maldonado: que es la actual Plaza de Mayo (3).

B.       La extensión del enjambre de islas en la actualidad con la evidente estrangulación del río Uruguay.  

C.       El avance de los islotes hará que en el año 2500 las islas se encuentren frente a la actual Ciudad de Buenos Aires, a la altura de La Boca del Riachuelo.

 

Recopilado por Fernando Domínguez