Delta del Paraná

Luego de recorrer 4.500 km, el río Paraná vuelca sus aguas en el Río de la Plata. En su estuario también desemboca un segundo tributario de importancia: el río Uruguay. Entre estos dos grandes afluentes, se ha conformado- al acumularse la sedimentación- el Delta del Paraná que es uno de los cinco deltas más extensos del mundo. Desde sus 725.000 hectáreas, solamente 272.000 corresponden a Buenos Aires. Limita con el sector entrerriano a través del Paraná Guazú. Su punto de partida se ubica en el Tigre (a 30 km de la Capital Federal) y se encuentra surcado por más de 350 ríos y arroyos que suman una longitud total aproximada de 2.400 km.

En la década del ’40 el Delta del Tigre era cita obligada de los porteños cuando comenzaba la temporada estival. Se calcula en 350.000 personas, el número de mini-turistas que los fines de semana visitaban esa zona de la provincia de Buenos Aires. Hoy no pasan de los 3.500 los turistas de fin de semana. No solo en el rubro turístico se ha reducido tan drásticamente. En la década del ’60 existían 18.000 hectáreas dedicadas de lleno a la hortifruticultura, lo que representaba  una producción que orillaba 24.000 toneladas anuales de frutas. Hoy se dedican solamente 500 hectáreas para tales menesteres. Los productores consideran que nunca recibieron un respaldo a la comercialización que apuntalara sus esfuerzos. De ahí la precipitada caída de la producción. Los productores en su mayoría minifundistas( la extensión de sus tierras por lo general no sobrepasaba las diez hectáreas), vendían su producción en el Mercado de Frutos de Tigre que exclusivamente abastecía al consumo de Buenos Aires, vía Mercado de Abasto. Cuando Buenos Aires empieza a comprar frutas “en pie “ en el interior del país, cae abruptamente el interés por la cosecha del delta, a tal punto que los isleños tiraban la fruta al río al no poder comercializarla.

Un recurso de la región sigue manteniéndose, aunque los resultados se redujeron a la mitad si se compara con otras épocas. Nos estamos refiriendo a la explotación forestal. Las grandes inundaciones de 1983 que se volcaron por igual sobre todo en el noroeste argentino, lograron hacer desaparecer 7.000 hectáreas de monte hasta ese momento explotadas por pequeños productores con parcelas de 50 a 100 hectáreas. Como esta gente no puede esperar la reforestación, proceso natural que se demora 12 años, los minifundistas venden sus tierras y emigran. De este modo, el aprovechamiento de la madera que era de 700.000 toneladas anuales de turno cortable en una extensión aproximada a las 100.000 hectáreas y alcanzaba a representar el 20% de la producción nacional, como dijimos, se redujo a la mitad.

Otro serio problema son las aguas contaminadas. Los ríos del Delta hasta 1970 reportaban el 40% del país, hoy, si no se toman medidas rápidas de saneamiento, pueden convertirse en aguas muertas. El río Reconquista, que como se sabe desemboca en el río Luján a la altura de Tigre, aporta él sólo el 33% de contaminación por medio de una concentración de bacilos coli que preanuncian la presencia de gérmenes patógenos sólo comparables a los que se encuentran en líquidos cloacales.

 Recopilación de Paola Acosta, Diego Saucedo, Mara Córdoba. 

Vista aérea del Delta del Paraná

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