ROCHA, Dardo

 

Nació en Buenos Aires el 1º de septiembre de 1838. Era hijo de Juan José Rocha y de Juana Arana. Pasó gran parte de su niñez en el destierro, pero regresó al país, con su familia, antes de la batalla de Caseros. Realizó estudios de derecho en la Universidad de Buenos Aires, egresando en 1863 con una tesis sobre La Ley federativa es la única compatible con la paz y la actual libertad del país. Se dedicó tempranamente al periodismo. En su juventud, estando enrolado en la milicia, intervino en el conflicto en­ entre la provincia de Buenos Aires y el gobierno de la Confederación Argentina y combatió a las órdenes del general Bartolomé Mitre en las batallas de Cepeda y Pavón (186l ).

Fuente: Museo Histórico Nacional

Al estallar la guerra del Paraguay marchó al frente de batalla, hallándose entre otros, en el encuentro de Pehuajó donde al caer herido mortalmente el jefe del regimiento comandante Keen, se puso a la cabeza de las huestes. Tenía entonces el grado de sargento mayor. Años más tarde, en 1876, volvería al Paraguay, pero con una misión pacífica esta vez.

No tardó en iniciarse en la vida parlamentaria. En 1872 fue elegido diputado nacional por el distrito electoral bonaerense, pero recién se incorporó el día 23 de mayo de 1873. No terminó su período en esta cámara, pues en junio de 1874 se incorporó al Senado de la Nación con mandato otorgado por la legislatura de la provincia de Buenos Aires. Tampoco esta vez terminó su período. El 19 de mayo de 1881 el doctor Rocha llegó a la gobernación de la misma provincia. En 1884, por último, volvió al Senado para completar el período del doctor Carlos D'Amico y permaneció en este cuerpo hasta su expiración, en 1892. Durante su actuación legislativa se ocupó de numerosas cuestiones, entre otras las relacionadas con la ley de tierras, patentes de invención, la navegación del río Bermejo, la protección industrial.

El doctor Rocha se hizo cargo del Gobierno de la provincia de Buenos Aires el 1 de mayo de 1881, y el 4 del mismo mes publicó un decreto que nombraba una comisión de ciudadanos ilustres que debía expedirse  acerca del lugar en que debería ser fundada la nueva capital de la provincia.

La comisión era insospechable, ya que se la considerase desde el punto de vista de la capacidad de sus miembros, como desde el de su integridad. En octubre se expidió indicando que los puntos más adecuados eran, en primer término, Campana, las Lomas de la Ensenada y Zárate, o algún pueblo de la línea del Oeste, entre Moreno y Dolores, si la capital debiese ser mediterránea.

El gobernador, después de recibir este informe, pasó el asunto a la legislatura para que también colaborase en esa cuestión trascendental, acompañado de un largo Mensaje y de un proyecto que sometía a su consideración y que declaraba capital de la provincia el municipio de la Ensenada. Este proyecto fue aprobado por la legislatura, y el 10 de noviembre de 1882, el gobernador Rocha colocó la piedra fundamental de la nueva ciudad.

Pocas veces se ha dado intervención a hombres tan competentes y a corporaciones más respetables en la preparación de una obra magna, como cuando se trató de la fundación de La Plata; pero también puede añadirse que pocas veces se ha llegado al extremo del desacierto como en esta ocasión. En toda la provincia no pudo elegirse un lugar más inadecuado que el que se señaló a la capital futura.

Era de simple buen sentido que el solo hecho de su inmediata proximidad a Buenos Aires, suponía necesariamente la condenación de la ciudad proyectada.

Considerada desde otro punto de vista, la fundación de La Plata fue un hermoso alarde de energía, de vitalidad y de potencialidad, que causó la admiración del mundo entero.

En menos de año y medio los poderes públicos funcionaban en La Plata, que era ya una ciudad con más de mil edificios particulares, suntuosos palacios y grandes avenidas; precioso modelo de ciudad moderna.

Después se afirmó que el mismo doctor Dardo Bocha, cuando pasados unos meses de la fundación, pudo darse cuenta de que la capital de la provincia no estaba bien allí, se propuso hacer de La Plata la capital federal, y devolver a la provincia el municipio de Buenos Aires. Al presentar su candidatura para la presidencia, tenía el propósito de apoyar esa idea, que contaba con muchos sostenedores, sobre todo, entre los especuladores en tierras, que poseían muchas en la nueva ciudad.

Rocha mandó también levantar el censo general de 1881 en la provincia de Buenos Aires. En 1885 surgió su candidatura a la presidencia de la República, pero los acontecimientos desviaron hacia otras personalidades el planteo del problema electoral. Parece que el conocimiento que tuvo el general Boca de tan desdichado proyecto (la fundación de La Plata), fue la causa de su animosidad contra la candidatura del doctor Dardo Rocha.

En 1895 y 1911 cumplió misiones diplomáticas ante el gobierno de Bolivia. Le correspondió intervenir en la protocolización de la entrega de la Puna de Atacama. Militaba en las filas del partido autonomista.

Falleció en Buenos Aires el 6 de septiembre de 1921. Sus restos reposan juntos con los de su esposa, en la iglesia Catedral de la ciudad que fundara.

 

(V.: Octavio R. AMADEO Vidas Argentinas.)

Fuentes

Diccionario Histórico Argentino. Tomo VI. Ricardo Piccirilli, Francisco Romay y Leoncio Gianello.

Historia de la República Argentina de Vicente Fidel Lopez.