Marcelo Torcuato de Alvear

(1968-1942)

Marcelo Torcuato de Alvear nació en Buenos Aires el 4 de octubre en 1868. Era el menor de siete hermanos. Su abuelo, el General Carlos María de Alvear, había sido Director  Supremo de las Provincias Unidas, Comandante de las tropas nacionales en la guerra contra brasil y representante argentino en Washington durante la época de Rosas. Su padre fue Torcuato de Alvear, primer intendente municipal de la Ciudad de Buenos Aires y su madre fue  Elvira, hija del General Angel Pacheco, militar  destacado de la independencia argentina.

En 1886 ingresa a la Facultad de Derecho de Buenos Aires con el objetivo de recibirse de abogado. Para el Dr. Félix Luna, según lo escrito en su libro ‘Alvear’, Marcelo durante su época de estudiante universitario se veía como: «... un joven de buena talla, espigado, rostro ovalado, enmarcado por una suave barba (...) un rostro dulce y sin firmeza. Gozaba del prestigio de su apellido y una pequeña fama de chico discreto y divertido. Un buen compañero, un leal amigo. (...) Un ‘pollo’ como se decía entonces.» En 1891 obtiene su diploma, un año después del fallecimiento de su padre.

Participó en la Revolución del Parque (1890) y fue uno de los firmantes del manifiesto del 2 de junio de 1891  que funda la Unión Cívica Radical.  Formó parte del comité organizador de la revolución radical de 1893.

Sus primeros pasos políticos los dio junto a Leandro Nicéforo Alem, quien lo eligiera como secretario cuando apenas había cumplido su mayoría de edad y luego con Hipólito Yrigoyen, quien presidía el Comité Radical de la Provincia de Buenos Aires, allá por el año 1893.

A los 25 años tuvo acceso a su primer cargo oficial: Ministro de Obras Públicas con asiento en la ciudad de La Plata. Después vino la frustrada revuelta radical por lo cual las actividades políticas quedaron muy limitadas.

En 1895 fallece Doña Elvira Pacheco, su mamá. Esta muerte significó para Marcelo una gran tristeza que, sumada al suicidio de Alem y a la falta de ejercicio político, provocó en el futuro fundador de la ciudad de Don Torcuato, un sentimiento de profunda soledad. En contraposición a esto, aquel joven de 28 años, se había transformado en uno de los hombres más ricos del país: a la fortuna heredada de su papá, ahora se le sumaba la de su madre. Y en 1905, engrosó la lista de sus posesiones en la Argentina, la herencia de su hermano Angel (casado con María Unzué) quien le dejó gran parte de lo que hoy es la ciudad de Don Torcuato.

En 1899 había conocido en Buenos Aires a una cantante lírica, Regina Pacini, con quien contrajo matrimonio un 29 de abril de 1907, en la ciudad de Lisboa. Marcelo le regaló el palacio de Coeur Volant, ubicado en una villa cercana a París y allí vivieron, por más de 25 años regresando de vez en cuando a Buenos Aires por temas ligados al quehacer político. En 1912 obtiene su primer cargo electivo: con la aprobación de la ley Saenz Peña, Marcelo es elegido diputado por el Partido Popular, distinguiéndose de inmediato por su brillante acción parlamentaria, siendo el que propuso, entre otros, el proyecto de ley sobre la organización del ejército y de casas baratas. Al terminar su mandato fue reelecto, pero poco después renunció a su banca para ocupar la delegación argentina en París. Fue en su residencia de Coeur Volant donde recibió la noticia de que en los comicios del 2 de abril de 1922, que lo postulaban como primer mandatario, había triunfado la fórmula del Partido Radical Marcelo T. de Alvear- Elpidio González. En consecuencia viajó a Buenos Aires para ocupar el sillón presidencial hasta 1928.

La acción política de este período presidencial se caracterizó por un espíritu de conciliación y respeto a todas las opiniones. Fue un gobernante prudente que no se inclinó al caudillismo. Su subida al poder coincidió con el término de la crisis mundial de posguerra. Se sancionaron algunas leyes de previsión social, como jubilaciones de bancarios y maestros, fue reglamentado el trabajo de las mujeres y menores, se estableció el pago de los salarios en moneda nacional y no en vales. Se creó la Dirección de Yacimientos Petrolíferos Fiscales, a cuyo cargo fue puesto el Ingeniero Enrique Moscini, que desarrolló una gran labor. Hizo declarar feriado el 1º de mayo como Día del Trabajador. Renovó la Marina de guerra y se instaló la base de submarinos en Mar del Plata. En 1926 se estableció la Fábrica Militar de aviones en Córdoba.  Se construyeron las destilerías de petróleo de La Plata y se comenzaron a construir los edificios de Hacienda, Obras Públicas, Guerra y Marina y del Banco Nación, en Plaza de Mayo. Fue una época de intenso movimiento inmigratorio  y las artes recibieron amplia protección. Durante su gobierno, Buenos Aires fue un centro de atracción internacional. Llegaron al país de visita y en misión cultural hombres de ciencia como Albert Einstein, personalidades políticas como el príncipe Humberto de Saboya y el Príncipe de Gales, entre otros,  y escritores como Luigi Pirandello y Keyserling, etc. A pesar del mejoramiento de la economía y las finanzas, el déficit económico, que se arrastraba de gestiones anteriores,  no pudo ser disminuido.

Posteriormente, bajo el gobierno de Uriburu tuvo que exiliarse y, al regresar a su país en 1932, reanudó sus actividades políticas motivo por el cual fue detenido y deportado por el gobierno del general Agustín P. Justo. Candidato en las elecciones presidenciales de 1937, fue derrotado.

Durante la  década del ‘30, Alvear y su mujer, se radicaron  en el país en forma definitiva, el matrimonio eligió para vivir la Capital Federal y, cuando llegaba el verano, se trasladaban a Mar del Plata.

En 1941 hacen construir  la quinta ‘La Elvira’, en la ciudad de Don Torcuato. Para ese entonces Don Marcelo ya no se encontraba bien de salud. Es en este momento cuando decidieron mudarse, para descansar, al pueblo que él mismo fundara en el año 1927, durante su presidencia. Lamentablemente sólo pudo disfrutar unos meses su estancia en la quinta. Murió un 23 de marzo de 1942, a los 74 años. Su esposa continuó viviendo en ‘La Elvira’ hasta su fallecimiento en 1965.

Compañera incondicional de su esposo Regina si antes había brillado en las tablas del mundo, junto a Enrico Caruso, Pablo Sarasate, Scotti y Pini Corsi, luego lo hizo a través de Marcelo donde éste estuviera, sin olvidar sus afanes.

Señal de ello es la Casa del Teatro, ubicada en la Av. Santa Fe al 1200 de Capital Federal, que fue donada íntegramente por ella para que la gente de la escena tuviera un lugar seguro donde concluir sus días. El terreno lo consiguió ella misma, con la intervención de su esposo que en ese año se encontraba presidiendo el país. En el año 1927 se fundó y constituyó la primera comisión directiva, entre los que se encontraba Florencio Parravicini (amigo de Alvear) y de la cual Regina fue Presidenta Honoraria. La inauguración oficial tuvo lugar el 4 de enero de 1938. Actualmente sigue en funcionamiento como así también su sala teatral que lleva el nombre de la fundadora.

 Su última preocupación fue el destino del archivo personal de su esposo. Hoy está en manos de la Universidad Di Tella (archivado y cuidado en forma minuciosa), gracias a la intervención del ex-secretario de Alvear, Guillermo D’Andrea Mohr. Para Regina Pacini de Alvear, aquella portuguesa privilegiada con el don del canto, su vida artística se sintetizó en un comentario que hizo cuando aún vivía en Don Torcuato, allá por 1953. «¿Por qué la música agrada a todos? Porque sabe reír con los que están alegres y llorar con los que están tristes».

 

Retrato de Marcelo T. de Alvear

Realizado por el estudio Witcomb

 

Hipólito Yrigoyen recibe a su arribo de París al presidente electo Marcelo T. de Alvear, el 14 de setiembre de 1922.

Fotografía del Diario La Nación

 

Marcelo T. de Alvear electo Presidente de la Nación

Jura de Marcelo T. de Alvear ante el Congreso el 12 de octubre de 1922. Fotografía del Archivo General de la Nación.

 

 

 

Regina Pacini (11871-1965), esposa de Marcelo T. de Alvear. 

Soprano portuguesa. Realizó celebradas giras por Europa y América. 

Obtuvo su más resonante éxito con la interpretación de "La Sonámbula" de Bellini.

Al contraer matrimonio con el político argentino, abandonó su carrera.

 

 Recopilación: Viviana Deganis

Fuentes: