Los Primeros pobladores del Delta

A la llegada de los españoles, había dos tipos de grupos nativos viviendo en islas los Chana-Timbú y los Guaraníes.

Los Chana-Timbú eran seminómades, cultivaban maíz, zapallo y quizás mandioca. Cazaban y pescaban. Su economía estaba bastante desarrollada pues los demás nativos de los alrededores hacían trueque con ellos para obtener sus productos.

Poseían cerámica y utilizaban, para desplazarse, canoas.

Lograron poseer adornos de metales gracias al comercio con lejanos pueblos andinos. Se adornaban con tambetá y narigueras.

Tenían algunas costumbres curiosas como la de comer, en ocasiones perros. Cuando moría alguien allegado solían cortarse una falange. Una práctica de varios pueblos de la zona.

El pueblo Guaraní fue el más importante del litoral, extendiendo su hábitat desde el Amazonas hasta el Río de la Plata. Aún hoy se conserva su idioma lo cual muestra su importancia. Su afición a viajar por el Paraná en canoa permitió su dispersión en sus márgenes y en las islas.

Vivían en grandes casas comunales donde residían varias familias bajo el mando de un jefe. Varias casas separadas por una plaza constituían una aldea típica, una empalizada la protegía de los eventuales enemigos. Dormían en hamacas. Iban desnudos aunque podían tener una prenda parecida a un camisón hecho de algodón. Se adornaban con tambetá.

Sus armas principales eran el arco con flechas cuya punta era de madera. Poseían hachas de piedras. Utilizaban cerámica a veces pintada. Las urnas eran utilizadas como ataúd (urnas funerarias). Cultivaban principalmente la mandioca y la batata en menor grado el maíz, el mate, el poroto y el maní, entre otros.

Creían en un Dios que podía ser bueno o malo según las circunstancias. Entre las prácticas guerreras y como parte del ritual algunas veces comían a sus prisioneros de guerra. Existía un cacique, algunas veces se reunían varios de estos en un concejo de caciques para tratar temas importantes. Eran polígamos, según las posibilidades económicas de cada individuo.

Con la llegada de los Jesuitas fueron reducidos y crearon una sociedad muy organizada y dinámica, la cual se derrumbó con la expulsión de esta orden religiosa.

En la isla del Paycarabi, Felicaria y la Barquita se hallaron sepulturas indígenas.

Recién en tiempos posteriores, a fines del siglo pasado, empezó en gran escala la explotación agrícola e industrial de las islas. Antes las islas sólo estaban pobladas por unas pocas personas que poseían pequeñas huertas. Un hecho decisivo fue en 1895 se les concedió a los ocupantes de los terrenos la propiedad de los mismos.

Podemos recordar que las islas tuvieron habitantes ilustres, uno de ellos, quien trajo el mimbre (de tanta aplicación y explotación), fue Domingo Faustino Sarmiento.

Así el Puerto de Frutos comenzó a concentrar toda la producción de frutas del Delta, la cual abastecía gran parte del consumo de Buenos Aires. Se complementaba la producción con álamo, mimbre y junco.

A partir de la década de 1950 comenzó la decadencia de lugares más privilegiados.

Dijo el ilustre Marcos Sastre sobre esta región: "Mil sitios habrá en el globo más pintorescos, por las variadas escenas y románticos paisajes con que la naturaleza sabe hermosear un terreno ondeado y montañoso; pero ninguno que iguale a nuestras islas en el lujo de su eterno verdor, en la pureza de su ambiente y de sus aguas, en la numerosidad y la gracia de sus canales y arroyuelos, en la fertilidad de su suelo, en la abundancia y dulzura de sus frutos".  

  Recopilación de la información: Karina Asis y Paloma Domínguez

Volver